viernes, abril 27, 2007

WALKMAN AIWA

Rubro 34:
Audio, TV y video -->Audio -->Audio portátil -->Walkmans -->Aiwa

La sección “Artículos Vintage” de los clasicersios se complace en presentar este hermoso graba-reproductor analógico a cinta de cassette.
Puede grabar mediante un micrófono externo conectado a la entrada “mic in” o mediante su “built-in-mic” (micrófono incorporado). Además tiene un selector de radio “onda corta” y “frecuencia modulada”.
El estado del mismo es “a reparar” ya que no funciona el mecanismo que hace avanzar la cinta y, además, necesita una limpieza general de teclas y contactos.

Ya se, a esta altura se estarán preguntando cuál es la ventaja de hacerse con esta porquería por estos medios.
La ventaja es que el producto no tiene un precio establecido, lo someto a esta especie de subasta donde el pago puede ir desde un simple “gracias, con esto la zafo”, pasando por mates con pastafloras o tragos en boliches barios, hasta llegar a dinero en efectivo o pago mediante favores sexuales*.

La onda es así, como no lo uso, ni me caliento en averiguar cuanto cuesta repararlo. Pero quizás se arregle con poco y le pueda servir a alguien que necesita un grabador de periodista y, por cuestiones económicas o -simplemente- por que prefiere "el encanto de lo antiguo", todavía no ha entrado de lleno al mundo del audio digital...
Así que ya saben, si alguno/a de uds. lo necesita, o saben de alguien que, no duden en chiflar, que se lo tiro por la cabeza al mejor postor.

Nos vemos


*La aceptación de estos últimos como moneda de cambio queda sujeta a la consideración de quien suscribe.
**La foto es ilustrativa, por razones de higiene no se incluyen los auriculares, cualquier duda haga una consulta al “seller”, que será respondida a la brevedad.

martes, abril 17, 2007

Bailando por un clavo de titanio...

Primera persona:
Tuve un compañero en primer año del secundario al que, aunque odiara que lo hiciéramos, llamábamos “Papo”.
No se si llamarlo amigo, pero vivía en el barrio, y siempre íbamos a jugar a la pelota a su casa. Mucho tiempo después nos volvimos a cruzar, en la escuela de música y, hasta hoy, cada tanto nos cruzamos por la calle, pero eso no viene al caso.
Viene al caso recordar aquella temprana adolescencia, época en que veíamos como terreno misterioso y desconocido, como “jardín de las delicias” donde todo estaba por descubrir, a la sexualidad y, más precisamente, al sexo opuesto.
Papo nos apabullaba con sus teorías sobre anatomía y sexualidad, ambas, por supuesto, femeninas. Teorías inverosímiles en un sentido: éramos imberbes pero no tarados, sus teorías podrían cumplirse en la fantasía, pero nadie que lo conociera podía creer, como el mismo afirmaba, que eran deducidas a partir de su intensa práctica amatoria...
Intensa práctica amatoria, graben eso. Por ahora solo importa recordar esa época en que intentábamos hacernos al mundo de los adultos mediante la prueba y el error, mediante mil torpezas cometidas entre bailes escolares e intermediarios todavía más torpes que nosotros mismos.

Segunda persona:
Lo recuerdo en un bar, entre cerveza y cerveza teorizaba sobre “la importancia de coger mucho”. No sabría (o querría) definirlo físicamente ni como persona, solo digamos que, al parecer, le ha estado escupiendo el asado al mismísimo bloger de “en cupido ases elado”. Como ven, esta persona también alude a una “intensa práctica amatoria” aunque, en este caso, la edad hace más creíbles sus relatos... por que ya no tenemos trece años... yo qué pienso... por ahora me guardo mis prejuicios.

Tercera persona:
Me llamaste a las nueve de la madrugada.
No entendí mucho que querías, tampoco te di mucha bola, pero el asunto tenía que ver con llegar tarde, así ellos (tu amigo y tu amiga, que no son amigos entre sí) trabajaban juntos... hacías de torpe intermediaria.

Más allá de las torpezas, y de que yo no recordara que tenía que hacer, si tenía que llegar tarde o temprano, esperarte o no, tu plan más o menos se cumplió. Estaban solitos en una mesa, sin dar cuenta de la existencia de los demás pero, al verlo a el, a la segunda persona, caí en la cuenta de que toda esta tramoya, tan típica entre adolescentes, después de cierta edad resulta absurda y patética.

Segunda persona:
Viendo esa imagen tan de “baile de la E.E.T.”, viéndote encorvado y sin saber donde poner las manos, mucho menos las palabras... tanta torpeza... me trajiste del recuerdo a Papo, con todo lo que eso implica.

Nos vemos.

jueves, abril 05, 2007

NIGTHMARES

Uhhh, algo habrán tenido que ver las ideas de Bricheto sobre el “viaje de egresados” y los delirios que hablamos anoche, y el Ferné, para haber soñando cualquier cosa...
Si, seguramente era un viaje, pero en el se mezclaban con naturalidad varias cosas de las que estuvimos hablando a la noche. Lo más raro es que, siempre sin despertarme la más mínima sospecha, todo sucedía durante un interminable viaje en subterráneos, con sus respectivos e interminables transbordos, que también sucedían en extrañas estaciones...
Al final, como en todo viaje, se da una situación que quizás no se daría en el día a día, en la vida real. Por que los viajes a veces pueden ser como desvíos en el curso normal de nuestras vidas, en definitiva, son como sueños en los que suceden con normalidad cosas que habitualmente no sucederían.
Y ahí estaba, en el subte, pero –que raro- disfrutando de un momento largamente esperado, sintiendo una felicidad plena pero también sintiendo un zumbido que me llagaba del más allá. No, no era el rechinar propio de acoples metálicos y de raíles, no, era la “bordeadora” de algún vecino cortando el pasto... estaba pasando del sueño a la vigilia, pero me aferro a ese momento de felicidad repitiendo el estribillo del tema del “Negro Álvarez” que dice “no me quiero dispertá, no me quiero dispertá; no me quiero dispertá, por que se que si me despiertooo... el pollo de va a piantar”.

Finalmente, me tuve que levantar.
No se puede volver al sueño voluntariamente.


Que la pasen bien.

domingo, abril 01, 2007

Malvinas para los delincuentes*

En esta fecha tan particular, algunas reflexiones:

Contaba el gordo Lanata que en su viaje a las islas comprobó como, después de veinte años de impecable cuidado y mantenimiento por parte de los ingleses, la diplomacia argentina logró esta reivindicación: que los argentinos podamos cuidar a nuestros héroes, hacernos cargo del cementerio donde están enterrados los soldados argentinos caídos en batalla. Hoy el cementerio es un desastre, decía el gordo, las tumbas despintadas y los pastos crecidos. Ante tal desidia perece que, a partir del próximo año, los ingleses volverán a hacerse cargo.

Pregunta: ¿para qué mierda queremos las islas?, ¿para convertirlas en otro olvidado y descuidado municipio, como los del conurbano o los del interior? Por supuesto, los Kelpers no quieren saber nada del asunto, llevan varias generaciones viviendo ahí, con un nivel de vida mucho más parecido al del primer mundo que al nuestro. ¿Por qué van a querer mudarse de Londres a Cutralcó?.

El nombre Cutralcó no es en vano, tiene su significado:
Podría haber ejemplificado con nombres más bizarros (como Ezpeleta, José Mármol o Ardigó) pero Cutralcó es un caso paradigmático que muestra como los gobiernos entregan la soberanía por unas pocas monedas, dejando “en banda” a aquellos que dejaron la sangre en la tierra para conquistarla.

...Tantas guerras, tantas muertes, para que después venga Benneton y te compre el país a 7,5 u$s la hectárea...

Ejemplo: si tendríamos soberanía sobre las islas, en los noventas todos sus recursos (petróleo y pesca) se habrían privatizado...
-“igual seguiríamos siendo soberanos”, diría Doña Rosa.
Después, con los reajustes y las “reingenierías de sistemas” habrían dejado sin trabajo al 80% de la población, como pasó en Cutralcó cuando se privatizó YPF y toda esa gente salió a cortar la ruta...
-“Negros de mierda” dirá Doña Rosa, “por qué no dejan pasar a la gente decente que quiere ir a trabajar”.

No, seguramente los Kelpers no son ningunos boludos, nos conocen y no quieren tener que terminar “piqueteando” y esperando las limosnas del estado argentino.
Y la explotación de los recursos, ¿para qué la queremos? ¿Para que el ladrón de turno agarre una buena cometa a cambio de la más desventajosa –para nosotros- concesión?

Para finalizar, tres definiciones (según el orden de importancia que nos enseña la escuela) de la Real Enciclopedia Pomelo de la Academia Jamaico/Argentina (R.E.P.A.J.A.): DIOS, PATRIA, FAMILIA:
DIOS: no existe, es un invento para tenernos asustados y sujetos a una ley “infinitamente más inflexible que la terrena”.
PATRIA: una mierda en nombre de la cual los corruptos de turno disponen de nuestras vidas.
FAMILIA: no quiero ser valorativo en esto –cada cual que la evalúe según su experiencia- pero creo que sin duda está por encima de las dos categorías anteriores. Solo que los HdP siempre intentaron lavarnos la cabeza con eso de Dios y Patria (el rifle y el crucifijo) para que las madres no lloren cuando mandan sus hijos a morir.

¿Conclusión final?
No se, siempre que veo algún ex-combatiente me imagino lo duro que será pensar que la guerra y todos los traumas que generó fueron en vano.
No creo que quieran ni pensarlo, deben evitarlo, es muy triste, pero fue en vano.
Cualquier muerte es vana, no importa el fin que se persiga, pero sobre todos fueron vanas estas muertes, producto de una guerra absurda, inútil y caprichosa, solo ganable en la imaginación de un milico soberbio y borracho... y en la de un pueblo ignorante.

FIIIRRRMÉS!!!
PRESENTEN ARRR-MÁS.
DESCAAANSE.

Será hasta la próxima...

*El título tiene más que ver con una segunda línea de ideas, bastante más delirantes, que no incluyo por la extensión y por que veo no tienen nada que ver con esta parte del escrito... probablemente las cuelgue a la brevedad.

domingo, marzo 25, 2007

NoName

Más cerca.
Más cerca.
Necesito estar más cerca...

Dos imanes enfrentados.
Uno se quiere acercar pero solo puede hacerlo hasta cierto punto.

Cualquier espectador distraído diría que el obstáculo, lo que los separa, es una mesa de bar atiborrada de porrones de cerveza, pero no: aun si el obstáculo no estuviera, es más, si no estuviera el resto de los participantes, la distancia no podría ser menor.
Los imanes presentan cargas del mismo signo y, como tales, se repelen... en realidad, esa palabra tomada de la física es un poco dura, no creo que se repelan, hasta creo que –en cierto modo- se pueden atraer, pero sus propios campos magnéticos no les permiten acercarse más.

¿Habrá algo más aparte del campo magnético?

Por supuesto, para que se atraigan completamente, como en el amor, tiene que haber complementariedad, tienen que ser de cargas distintas e inversas... como se dicen los imanes por el barrio, “uno busca en el otro lo que no encuentra en si mismo”.

(¿Se puede amar a esa persona en la que nunca encontramos la más mínima diferencia?)

El otro experimento.

El de juntar dos lápices por sus extremos planos (no se como se llaman, ¿bases?, si fueran botellas serían los culos): puño cerrado en torno a cada uno de ellos y cada brazo extendido haciendo una relativa presión en contra de su compañero, tratando de que los lápices permanezcan juntos, que no zafen (si solo tiene un brazo por favor no lo intente).
Al cabo de un tiempo (en el caso de los lápices son segundos) uno nota que no los puede separar.
¿Magnetismo?, ¿Amor?, no, los lápices son de madera, es el cuerpo de uno, los músculos, lo que se acostumbra a esa cercanía, a esa presión, en definitiva, al que le gusta estar en esa posición.

¿Y el magnetismo, existió alguna vez o también es un invento o –en el mejor de los casos- un deseo?

Parece que también para los imanes vale la fórmula de Lacan sobre el amor: “dar lo que no se tiene a alguien que no lo es”.

Nos vemos.

lunes, marzo 12, 2007

Getz/Gilberto

“pra facer un samba con belleza
es preciso una pizca de tristeza...”

Vinicius de Moraes

Un incunable.
Un icono en la historia de la música.
Una reunión cumbre.
Un disco.

Marzo de 1963 reune en un estudio de grabación de la ciudad de Nueva York a dos grandes exponentes de estilos musicales que, si bien provenientes de latitudes opuestas, se autoinfluencian y comparten un origen común en los cantos traídos al continente por esclavos africanos.

El cantante y guitarrista Joao Gilberto, brasileño, uno de los padres del movimiento que se dio en llamar “la bossa nova”, se une con el saxofonista norteamericano Stan Getz, uno de los más brillantes intérpretes de Jazz del momento. Ambos bajo “la batuta”* -y el piano- del maestro Anonio Carlos Jobim, (otro de los padres de la Bossa, el encargado de musicalizar los poemas del gran Vinicius de Moraes), graban este disco que –para mi gusto- resume lo mejor de ambos estilos musicales.

La cuestión es que Gilberto y “Tom” Jobim viajan a Estados Unidos acompañados por la mujer del primero, Astrud, intérprete profesional.
Digo, intérprete de idioma, traductora, por que parece que nunca había cantado profesionalmente, ni en un ensayo, nada, solo bajo la ducha. Sin embargo, quién escuche el disco lo comprobará, la muchacha cantaba muy bien, muy afinada, y con un tono endemoniadamente sensual...
Esto notó Getz a medida que Astrud le traducía del portugués al inglés el contenido de las letras y, simultáneamente, entonaba sus respectivas melodías...
-“A la mierda” pensó el Yankee, “como canta esta negra”, y ahí mismo convenció a sus compañeros de que la voz de la mujer no podía no estar en su disco. Es así como, por ejemplo, el primer corte de la placa, “The Girl From Ipanema”, fue grabado por la voz de Astrud Gilberto, la primera parte en portugués y la segunda en inglés... un inglés muy articulado, de dicción muy prolija, bien de traductor.

Perdón por el chiste fácil, pero parece que a al saxofonista, además del canto, le gustaron los cantos de Astrud. El bueno de Joao no entendía un pomo de lo que se hablaban en inglés pero parece que entre los primeros se entendieron. Astrud al final de la grabación lo abandona, lo deja por el jazzero.

Y así Joao Gilberto, el cantante de la voz minúscula, del tono sumamente intimista, se vuelve solo al Brasil, con un gran disco bajo el brazo. Disco que no se si en su vida habrá logrado escuchar ya que seguramente reavivaría el recuerdo y el dolor de la traición.

Ahora si, tenés todos los elementos para apreciar esta obra magistral: vaso de Wisky con hielo en una mano, luz tenue, vista perdida en la lejanía, el recuerdo de esta historia de genialidad y traición...

Play.


*Es un decir, en música popular no se usa batuta...

domingo, marzo 04, 2007

Manejamos como pendejos*

Lo que sigue es una “carta de lector” que envié a distintos medios gráficos. Como hasta el momento nadie me la publicó la cuelgo acá, así amortizo un poco la sensación de haberla escrito al pedo y de paso tapo el post anterior que, dados los acontecimientos del día de la fecha, no tiene nada que hacer acá.


El jueves 22 de febrero de 2007 tuve la oportunidad de conocer el funcionamiento de la dirección de tránsito de Florencio Varela.
Funcionamiento es solo uno modo de decir ya que, aun siendo relativamente pocos los infractores en espera, perdí todo un día de trabajo para hacer un descargo que en definitiva resultó ser solo una burda parodia; si, indefectiblemente el juez a cargo termina sancionando exactamente según lo que consta en la infracción labrada por el oficial de tránsito, lo que uno tenga que decir en caso de disconformidad no cuenta para nada.

Más allá de las cuestiones burocráticas, hubo una situación que merece alguna reflexión:
Una joven de unos veinte años, probablemente estudiante de abogacía y “pasante” en el lugar (sería interesante indagar sobre sus condiciones laborales), explicaba en tono casi maternal a un adolescente que “en caso de accidente las pérdidas materiales tienen solución pero la pérdida de una vida no... acá nos preocupamos por las personas, por tu salud, por eso el hecho de no llevar cinturón de seguridad, que era una infracción leve, ha cambiado a la categoría de infracción grave, por lo que te corresponde una multa de 300 pesos...”.
En ese momento todos los que sin querer habíamos prestado atención a la conversación explotamos con exclamaciones del tipo “cargada”, “vergüenza” o “robo”; todos coincidimos en que somos adultos y como tales cuidamos o descuidamos nuestras vidas como queremos o podemos, por eso consideramos a tal multa todo un sinsentido.

Lo que sigue es una percepción personal, quizás un poco arriesgada, que habría que discutir con un profesional en psicología, pero veamos que les parece: para mi, al obligarnos a cuidarnos, el estado actúa como una madre cuidando a su niño, y a quien traten como niño, sin importar su edad, indefectiblemente terminará actuando como tal. Es así que en la calle nos comportamos como niños distraídos, caprichosos, egocéntricos, mal educados, irrespetuosos, etc.; es así que conducimos como si fuéramos niños y como tales nos mataremos cada día en mayor cantidad, por más que se logre universalizar el uso del cinturón de seguridad.

Por eso no creo que el rol del estado deba ser el de una “madre cuidadora”, para eso tengo a la mía. El estado debe cuidar que yo no ponga en peligro la vida de los demás y que los demás no pongan en peligro mi vida. El rol del estado es construir rutas seguras, legislar seriamente y con conocimiento sobre el ordenamiento de tránsito, y educar; educar en las normas viales y –más ampliamente- en el respeto a los demás. También debe enseñar a conducir, que no es lo mismo que las pruebas de estacionamiento que se toman para otorgar la licencia. Por supuesto, todas estas cuestiones implican fuertes inversiones por parte del estado, inversiones que no parece dispuesto a realizar; el “cuidado” por parte de nuestro estado se limita entonces a multar el incumplimiento de unas medidas de seguridad que corren únicamente por cuenta de los ciudadanos particulares.

La universalización del uso del cinturón de seguridad es solo un cosmético; no se puede aceptar sin más que los accidentes sucedan y que en tal caso uno puede salvarse [o no] mediante el uso de tal accesorio. Una política de tránsito seria debe ir a las causas y, como en los países serios, imponerse como objetivo que no haya un solo accidente.
Un ejemplo en este sentido es la campaña de tránsito implementada en Suecia que se denominó “Accidentes cero”; ese es un objetivo que puede bajar drásticamente la mortalidad, no el uso masivo del cinturón de seguridad. Pero claro, una campaña así requiere un enorme costo de parte del estado por la reforma estructural que implica. Requiere que el estado aporte la mayor parte, no como en nuestro país donde se limita únicamente a multar (léase recaudar) al individuo cuando no cumple con su parte.
Si el estado no está dispuesto o no puede afrontar su parte -la más importante- en esta lucha contra la mortalidad, por lo menos que no nos mienta, que no nos diga que “nos quieren cuidar”.

Firmado:
elcersio
* El título original para el diario era "como niños en la ruta"

domingo, febrero 25, 2007

Trascendente hasta la muerte...

“Siempre digo que dependo de mis delanteros. Por suerte me respondieron Palacio y Neri. Si ellos no la meten, si la pelota se va a fuera, nadie se acuerda de los pases” (Riquelme dixit; 24/02/07)

Como verás, larva anti-riquelmista recalcitrante, he tomado una imagen editada y parafraseado un título -ambos tuyos- que hoy adquieren un significado totalmente opuesto al original.
Tanto frase como imagen han cambiado de significado sobre todo para vos, que anoche sentiste en carne propia lo que es tener en frente a Román.
El otro día, mientras me decías en el bar más marxista de la unqui que “la vuelta de Riquelme es un fracaso total” yo pensaba que, en realidad, contra Central hizo lo mismo que siempre: dos o tres pases precisos, nada más; como aquella vez Palermo no los supo aprovechar todas las críticas cayeron contra el. Hoy, nuevamente lo mismo, dos paces precisos, no hizo falta más, esta vez son aprovechados y Román vuelve a ser genio y figura. Su hazaña solo es opacada por el gol increíblemente convertido en el último minuto por alguien a quien en su momento también te encargaste de defenestrar.

Vos, que afirmaste descaradamente que “el mejor retorno es el del Piojo López”... no se que decirte, dedicate a comentar carreras de autos antiguos.

Cariños
Pome

sábado, febrero 17, 2007

BABEL

Al final, a pesar de lo inclemente del tiempo logramos juntar un grupo “pequeño pero bueno”.
Valió la pena arriesgarse a un resfrío y soportar los mocos chorreantes de la madrugada a cambio de una avela menada (perdón, amena velada) en compañía de persona/s querida/s y de una buena película (agregando el plus de haberme cruzado con la princesa y que me haya saludado, lo que redondea una noche perfecta).

Yendo al grano, la película refleja muy bien una “Babel” donde, a pesar de lo multitudinario y lo avanzado de las “comunicaciones”, las personas no logran vencer la soledad, el aislamiento y los desencuentros. Igualmente la trama es bastante compleja como para ponerme a analizarla, si dejo de lado algún aspecto que consideran importante pueden traerlo en los comentarios, yo me voy a remitir a dos cuestiones en las que muchas veces me encuentro pensando y que resultan estar en el centro de esta narración.

-Por un lado están esas decisiones que a veces tomamos, esas acciones cuyas consecuencias no medimos o se nos van de las manos resultando en situaciones increíbles, tan incomprensibles que nos sumergen como en un sueño en donde no podemos hacer más que decirnos y preguntarnos cosas como “no lo debería haber hecho”, “si lo hubiera hecho un segundo antes... o uno después”, “no puede ser que me esté pasando” o “por qué mierda me está pasando esto”.
Pongamos algún ejemplo: un accidente de tránsito. Nadie sale a la ruta pensando en matarse o matar a toda su familia, pero pasa. Una maniobra equivocada de uno mismo o de otro al cruzarse en un casi inverosímil de tan preciso instante... en caso de sobrevivir, en medio del más dantesco de los panoramas, el conductor no puede más que lamentarse por haber realizado la maniobra (de no haberla hecho la vida seguiría como nada) o por haberse parado a cargar agua para el mate... si no fuera por esos minutos que perdió no se encontraba complicado en tal tragedia.
Una situación de este tipo es la que inicia el drama en la película: dos niños probando un arma disparan a un ómnibus con la certeza de que esta carecía de la potencia para alcanzarlo. Es ahí donde aparecen nuevamente esas cuestiones de milímetros y milésimas de segundo, y una certeza que los perseguirá de por vida: no debí hacerlo. (Otro ejemplo en la película es el del haya mexicana; nada, un instante, una mala decisión, un milico que se pone en forro y toda una vida que desaparece al ser deportada. Seguramente la mujer también se hizo todas las preguntas posibles del tipo ya mencionado).

-Por otro lado está la coincidencia, el azar, el destino... Dios, o como quieran llamarlo (Dios no lo quiera): un desierto desolado, pocas posibilidades de que ande por ahí un loco armado; y, si anda, son pocas las posibilidades de que lo haga en el justo momento y lugar por donde nosotros pasamos. Supongamos que se da esta poco probable situación: hay pocas posibilidades de que elija para disparar justo al vehículo en que nos trasladamos y, si lo hace, que justo de en un blanco humano; mucho menos que ese humano sea la persona querida pudiendo haber dado en cualquiera de los otros cuarenta y tantos pasajeros... y la lista sigue.

La cantidad de causalidades que deben converger para que se de una de estas tragedias es muy grande, la posibilidad es mínima, pero pasan. En la película a todo este orden de sucesos se le suma el hecho de que la persona que dispara no lo hace buscando matar: se trata del niño que desconoce el poder de su arma y luego se arrepentirá de lo que hizo.

Creo que, a demás de la constante impresión de “Babel” y su estética general, lo que más me gustó de la película fue la forma en que logra plasmar esas cadenas de improbables sin que los desenlaces parezcan forzadas o exagerados; si hasta parece natural que las cosas sean así.
Me queda la sensación de “lo vivido”, de las cosas que pasan, por que -pensándolo bien- aunque en mi caso nunca fueron momentos tan extremos, uno puede hacer un recuento de la cantidad de veces en que una fracción de tiempo o espacio lo llevaron a situaciones impensadas e incomprensibles*, inolvidables y hasta a veces irreparables, como las que muestra la película.

Firmado
The Wedding Planer.

*Cabe aclarar que también la casualidad puede concurrir para salvarnos de una cagada... como en “las aventuras del aventador de macetas”, que relaté el otro domingo en la plaza, me parece que la más de las veces, sin que nos demos cuenta, la suerte, la coincidencia, el azar, el destino, Dios, o como carajo quieran llamarlo conspiran para que no paguemos las consecuencias de propia o ajenas imprudencias, malos cálculos, imprevisiones, etc.

martes, febrero 13, 2007

Happy Valentine’s Day

Me resulta extraño escribir sobre esta festividad prefabricada,
como las otras festividades prefabricadas,
es decir como todas,
incluso como los cumpleaños*,
me provoca poco y nada.

Pero es sin dudas uno de esos momentos en los que surge la necesidad:
algo hay que hacer, algo habrá que decir.

Ahora me dirán,
por que verdaderamente la han importado hace poco y no se bien de que trata,
es el día de los enamorados, pero ¿enamorados de qué?
Digo, supongo que es el día en que dos personas, una pareja,
celebra estar mutuamente enamorada, ¿no?

No es el día del enamorado “individual”,
ese que espera en silencio que se le de su suerte.

Tampoco es el día del enamorado “platónico”
que se divide en dos tipos:
1) enamorado de la Mujer** con mayúscula,
es decir de todas, o por lo menos de la mayoría, o
2) “bobalicón enamorado del amor”.


Dadas estas precisiones que me excluyen de la celebración,
paso a dejar mis sinceras felicitaciones a sus legítimos destinatarios,
a aquellos afortunados que recibirán flores,
brindarán y comerán bombones o confites
con las personas mutuamente amadas.

El resto a no apenarse,
a seguir todos lo días enamorados de la Mujer,
o de esa mujer especial, esperando que se les de su suerte,
que esto es como esas fiestas en las quintas,
cuando después de comer y chupar como cerdos,
se hace el famoso partido “solteros contra casados”,
mañana estaremos del otro lado.


Si, pedorro el osito, no?
Nos vemos
*Menos la “semana de la dulzura” donde uno puede garronear un sobe a cambio de alguna golosina berreta comprado en el tren, o, viceversa, lo que es mejor, hasta se puede ligar un buen chocolate por el solo hecho de poner la mejilla y aguantarse el beso (esto de soportar, por supuesto, lo digo por si la mina es un escracho, si la mina está buena, bingo!, chocolate y beso... y quién sabe, quizás también la promesa de algo más).
**Ya se, también puede ser hombre, pero no me hinchen las pelotas con la distinción genérica justo ahora que me puse romanticón... y profundo... mmm, que cagada, se me hubiera ocurrido antes... encima lo escribí en una sola carilla!!!

domingo, febrero 11, 2007

Ya están prestos los jurados!!!

Solo falta que el señor Veleta se recupere de la horrible resaca que lo aqueja desde hace años (si, se trata de algo crónico) y se digne a colgar los trabajos presentados para lo que considero es el evento literario del verano.
Les deseo la peor de las suertes a todos los contrincantes (si eso de la camaradería deportiva no me lo como ni ahí, en este momento para mi son todos enemigos, a muerte) y que gane el menos peor.

Cariños
Cersio

sábado, febrero 03, 2007

En el interior se garcha más...

¿En el interior se garcha mas? *

Ya hace un par de meses que “uno de nosotros” me lanzó, entremezclada entre otras tantas disquisiciones existenciales, la afirmación que titula a este artículo (la interrogación es mia).
Sabedor de que en poco tiempo pensaba hacer una breve incursión a los inexplorados –por lo menos para mí- territorios norteños, sugirió utilizar dicha proposición a modo de hipótesis: que podría corroborar o falsar (al mejor estilo Cervini) durante mi expedición.

Ahora ya estoy de vuelta y descansado de mi duro trajín (?), así que he decidido, entre otras cosas, “socializar” los resultados de mi observación:
Los datos no parecen brindar pruebas contundentes a favor o en contra de la hipótesis de investigación...

Para empezar, en mis primeras escapadas nocturnas de exploración, trate de detectar prácticas que pudieran facilitar el análisis estadístico para la corroboración de la hipótesis en cuestión. Pero fue en vano: por mas que lo intenté –se los puedo garantizar- no pude localizar ninguna partusa, las prácticas orgiásticas brillaron por su ausencia –al parecer los Satyros y las Bacantes también se tomaron vacaciones y el viejo Dionysos ya debe estar jubilado- , ... ni siquiera una mísera “menage à trois” pude encontrar (¿se escribe así?)... Así que tuve que conformarme con escuchar una muy linda guitarreada en la plaza de Amaicha del Valle... ¿Swingers?... Bien, gracias...
En fin, estas cosas parecen encontrarse mas fácilmente en la noche capitalina, que a veces se extiende hasta pasado el mediodía...

Sin desanimarme, y viendo que esta línea de investigación no daba los resultados esperados, decidí observar las prácticas “más normales”:
A nivel puramente estadístico no se observan diferencias significativas entre Buenos Aires y “el interior” (como si Bs. As. estuviera en el exterior). Pero sí parece haber un leve sesgo positivo hacia el grupo de “
turistas” o “mochiler@s”, si lo comparamos con l@s “locales” (en una de esas deberiamos profundizar en esta línea investigativa...). Tal vez las muestras ya estaban sesgadas, o tal vez tiene que ver con el fervor de las vacaciones lejos de casa, el ojo del observador pudo haber sido afectado por las condiciones experimentales, o tal vez se deba a algún otro factor misterioso al que nos tienen acostumbrados las Ciencias Sociales...

Sin embargo otra cosa que me llamó la atención –y es esto a donde queríamos llegar- tiene que ver con los modos de relacionarse entre las personas, y es aquí donde parecen encontrarse ciertas diferencias entre los grupos “interior” vs. “BA”:
Al parecer ciertas formas de organización societal conformadas en las grandes urbes parecen favorecer algunas matrices particulares de relacionamiento interpersonal (y por qué no intrapersonal), al mismo tiempo que desfavorecen otras.
Para aclarar un poco el asunto podemos recurrir, para no perder la costumbre, a la literatura: autores como Aldous Huxley (“Un Mundo Feliz”), o George Orwell (“1984”) imaginan sociedades ficticias -¿o predicen estructuras en función de lo que su sociedad dejaba ver?- en donde se destruyen, o mejor dicho se alteran, las relaciones interpersonales hacia una matriz en donde prima la falta de compromiso, la promiscuidad, etc. Todo esto en funcion de “construir” sujetos mas eficientes (palabrita muy usada en las últimas décadas), mas leales y mas dóciles.
En el caso de Huxley, mostraba una sociedad en donde se deconstruían las subjetividades “tradicionales” (por usar algún término, no creo que sea el mas adecuado, pero es el primero que encontré) y se implantaban conciencias que correspondieran funcionalmente con un adulto extremadamente eficiente en lo laboral, pero aun a costa de comportarse como niños en lo emocional. Esto incluye el recurrir a alucinógenos para huir de la realidad, el no mantener parejas estables, el eliminar todo indicio de relación familiar (“madre” era una “mala palabra”) y todo eso que ya saben... Aquí el amo y señor era el “mercado de consumo”, y no por nada su dios se llamaba Ford,... y a veces Freud.
En el caso de Orwell (“1984”, la del “Gran Hermano”) la situación es parecida a la anterior, pero aquí lo que intenta asegurarse al “destruir” toda relación personal o familiar, es la lealtad al Estado. Hacen falta sujetos dóciles y sumisos, leales y convencidos de que el Gran Hermano los protegerá... capaces de delatar a sus padres si el “deber” hacia el estado lo requiere...
Otro ejemplo de estas prácticas puede observarse, al parecer, en “Las Instituciones Voraces” de Lewis Coser: donde se explica que el partido bolchevique promovía la promiscuidad como medio de sujeción (¿para que vas a buscar pareja afuera del partido si acá las tenés regaladas?) y control hacia los miembros del partido (ya que todo aquel que no lo hiciera se transformaba inmediatamente en sospechoso de traición).

En todos estos casos se puede ver como la disolución de las relaciones personales favorecen ciertas formas de gobierno de los sujetos, y como la deconstruccion de ciertas matrices de relacionamiento interpersonal conforman subjetividades que pueden ser funcionales a muy diversos fines... ( pueden repasar Foucault, Deleuze, etc.)
No se trata necesariamente de prohibir el contacto entre las personas, que se hablen, o que se miren, sino que se pueden promover otras formas de relación que generan una comunicación ficticia, (¿a qué les suena?). Y esto no tiene tanto que ver con los medios que utilizamos para comunicarnos, o con la cantidad de las comunicaciones, sino con lo que transmitimos en una relación. (¿de esto es lo que habla “Amor Liquido”?, si alguien lo tiene a mano, pásemelo que quiero echarle una ojeada).
En estas sociedades que describen Orwell, Huxley y Coser son mal vistas las relaciones estables, duraderas… profundas.


Aquí es donde toda esta sanata y el divague intelectual previo enlaza con la hipótesis que dio origen al articulo:
Al parecer en las grandes ciudades actuales se produce un fenomeno similar: la gente que vive en la ciudad es, en términos productivos, más eficiente que la del interior (por eso somos “la gran cuidad”). Pero hay indicios que para lograr eso hay que desprenderse de las relaciones que nos implican perder “valioso tiempo”, y el poco tiempo que nos queda no vale perderlo en asuntos que de seguro nos “complicarán la vida”. En las urbes parece avanzar cada vez más una matriz de relacionamiento en donde las comunicaciones parece ser mas frías, vacías, sin arriesgarse al compromiso. Como me llegó en un mail “...tengo la sensación que, afectivamente, nos comportamos como niños: vamos a los boliches, histeriqueamos, nos mostramos, tranzamos, hasta –con un poco de suerte- garchamos… pero todo efímero, sin comprometernos, sin arriesgarnos a que el asunto nos robe una noche de sueño...” (Pomelo dixit; 2007).
En la breve intervención que hice hacia el interior parecía sentirse algo distinto en la gente del lugar (tal vez sea sólo una percepción alterada), en un breve intercambio de palabras o un cruce de miradas podian inferirse muchas cosas que hablan de una búsqueda de relaciones mas profundas, que se yo... tambien se dan relaciones fugaces, pero creo que esos son efectos y no intenciones, y allí es donde radicaría la diferencia... Tal vez busquen los lazos fuertes que nosotros despreciamos...

Para finalizar: ¿En el interior se garcha mas?... no tengo ni la mas pálida idea, pregúntenle a alguien que haya viajado mas al interior... del país.

*Por Coconut Groove.

domingo, enero 14, 2007

EL JUGUETE RABIOSO (o “Los títulos mienten”)

Hace más o menos un mes mandé a algunos de mis contactos un mail con fotos que le saqué a una guitarra que me acababan de entregar.
El asunto del mail rezaba “El juguete rabioso” pero, aunque conocedor de que se trataba de un plagio a la obra de Arlt, el título no buscaba ninguna relación con la historia del libro homónimo.

Debo reconocer que fui imprudente, que no lo tuve en cuenta, pero algunas de las respuestas recibidas me recordaron la forma en que un título puede predisponer al lector.
Por un lado “elfa malvada”, tratando de relacionar el final de esta historia (por que lo de esa guitarra también fue una historia) con el relato de Arlt decía no recordar en qué había terminado la historia de Silvio Astier; por otro lado, el detective Coconut Groove (ya aparecerán sus fotos) me preguntaba –después de uno de sus típicos “ah bueno”- si “¿no será demasiado comparar una guitarra con el juguete rabioso de Arlt?”.
Tuve que reconocer a ambos que, en realidad, todavía no había leído el cuento. Que el significado del título era mucho más obvio: “una guitarra es algo con lo que uno se puede divertir y en ese sentido sería un juguete; por otro lado, aunque no creo que se pueda adjetivar algo como la música o el sonido (¿qué es una música alegre o triste?, el que se pone alegre o triste es el que la escucha; ¿cómo es un sonido brillante, y uno oscuro?), había que describir de alguna forma el sonido de esa guitarra particular y, en ese sentido, el término `rabioso´ -por comparación- se ajusta bastante a la realidad”.

Un poco avergonzado por no haber leído ejemplar tan caro a nuestra literatura, esperé a tener un poco de tiempo y salí corriendo al cachimbo donde compro los libros para conseguir una copia y tratar de encontrar, lo antes posible, respuesta a las cuestiones planteadas. Veamos que encontré:

Lo primero que me llamó la atención fue una especie de identificación con el mundo que describe Arlt. Es raro, uno siempre anda hurgando entre autores extranjeros y de diversas épocas para poder acceder a “otros mundos posibles” pero en este caso me deleitó, me dio como una sensación de comodidad, esa cosa familiar del arrabal, del empedrado matinal todavía húmedo de rocío, de los carros feriantes tirados por caballos, etc., todas cosas que quedan un poco lejos en el tiempo pero todavía son parte de nuestra cultura.
Otra cosa que me sorprendió fue el lenguaje. Durante la lectura me encontré con cantidad de palabras que no había escuchado nunca como “correveidile”, “cariacontecido”, “bigardón”, “ranún”, etc. Pensé que se trataba da palabras compuestas (por ejemplo las primeras dos) o términos lunfardos, pero al buscarlas en el diccionario comprobé que, en su mayoría, tienen usos aceptados por la real academia española… en ese sentido Arlt se parece a su personaje, un lumpen ilustrado, alguien que mezcla lo marginal con “lo culto”, el argot con los libros de ciencia o literatura. Habrá que darle la derecha a doña Rosa, a medida que pasa el tiempo nuestro lenguaje se empobrece, se degrada. Por mi parte me he propuesto incluir algo de “terminología Arlt” a mi vocabulario, ya la verán en mis escritos… por lo pronto ya la estoy usando para tachar al novio de mi hermana de “badulaque”, “cernícalo”, y “perdulario”.

Respecto a la historia en particular, es un relato típicamente posmoderno. Ya dijo Llotard que el posmodernismo marca el fin de los grandes relatos. Se imponen las “historias mínimas”, comunes, poco utópicas; a diferencia de relatos como el de Aquiles (por poner un ejemplo) cualquiera puede vivir una historia como la de Astier, quizás esa identificación, esa posibilidad es lo que nos seduce de este tipo de relatos.
Por este carácter de la obra es que no se puede dar respuesta a la cuestión planteada por “elfa más mala que una araña”. ¿Cómo termina la historia? La historia no termina, en realidad se trata de una serie de sucesos que le ocurren en determinado periodo de la vida a
un personaje que ni muere ni “come perdices”. Aunque –aparentemente- sobre el final Silvio encuentra lo que buscaba, no se sabe, el libro podría ser un capitulo de una historia mucho más extensa, la de toda su vida. Yo, personalmente, para terminar la historia en forma consecuente con lo que fueron sus sucesos anteriores, hubiera agregado un renglón diciendo “nunca más volvió a ver al ingeniero Arsenio Vitri” (aquel que iba a facilitarle el cambio de vida que esperaba).

Respecto a la pregunta de Cristian (ouchhh!!!), en realidad me quedó la duda, no estoy seguro a que se refiere con “juguete rabioso”. Por el arma que ilustra la portada, por los inventos explosivos de su infancia o por las correrías delictivas que protagoniza con sus amigos Lucio y Enrique en los primeros capítulos uno espera que “el juguete” sea algo siniestro, alguna forma de organización delictiva, algo que mate.
También el desarrollo de la historia nos hace esperar un desenlace de este tipo. Ya en su adolescencia Silvio debe ganarse su propio sustento y pasa las peores penurias en busca de un empleo que se lo proporcione. Los malos tratos, la desidia y los abusos que sufre hacen pensar que el autor está armando una justificación del tipo “en este país una persona buena, inteligente y con ganas de trabajar se encuentra con tantas frustraciones que, al final, no le queda otra que salir a robar”. Pero no: Silvio sigue intentando, aun después de un intento de suicidio se repone y sigue buscando “ganarse el pan con el sudor de su frente”.

Al final Astier conoce a una persona con la que planea un robo importante. Así el lector cree que la historia se encamina hacia el desenlace esperado, que el personaje terminará por realizarse como bandido o como “fiambre”; aunque siempre memorable, por que su personalidad está destinada a ello, parece que el destino no puede depararle más que una de esas dos posibilidades.
Pero me vuelvo a equivocar: aunque sin buscarlo, Silvio encuentra una salida alternativa. ¿Cómo?, cometiendo algo que el mismo considera una infamia. Decide delatar a su cómplice aunque teniendo claro que “si hago eso destruiré la vida del hombre más noble que he conocido… si hago eso me condeno para siempre… y estaré solo, y seré como Judas Iscariote…. toda la vida llevaré una pena”.
El no tiene claro por qué lo hace, pero lo hace. Parece ser la búsqueda de algo, de algo muy propio como ese secreto inconfesable o de algo que por medio del recuerdo y la vergüenza le permita saber verdaderamente quién es. Parece lógico, el personaje experimenta una degradación continua y, quizás en forma inconsciente, cree que es necesario llegar a lo más bajo, tocar fondo mediante la traición para poder empezar de nuevo; para verse obligado a dejar atrás al yo anterior y emerger como una persona nueva, quizás ya no memorable. Tengo la sospecha de que el juguete es eso, la esperanza de algo providencial (no importa que), algo que pueda torcer el destino.
En definitiva, si mis cavilaciones son válidas se podrá decir que si, que es demasiado llamar a una simple guitarra “juguete rabioso”. Como algo que provoque la muerte, aunque la tomemos del mango y demos de guitarrazos a algún desgraciado, es poco práctica; como objeto providencial que cambie una vida es poco probable.

Bueno, mis queridos pelafustanes, esto es lo que pude obtener de mi ojeada a Roberto Arlt. Quien quiera agregar precisiones o cuestiones que hayan escapado a mi análisis, sobre todo si tiene la posta sobre qué quiso decir Arlt con lo de Juguete Rabioso, será bienvenido.

Será hasta la próxima.

martes, enero 09, 2007

Otro aporte de la intergaláctica Ortalda...

La ahora también comentarista del tiempo me pidió que deje esta reflexión (“Bueno Sergio ponele una linda foto o imagen y publicala si te parece pertinente”).


El paso del tiempo es inevitable, pero no habría que preocuparse por eso.
Como decía un grande a quién admiro "La vida es aquello que pasa cuando estamos distraídos en otra cosa..." o algo así.
Qué hay, si el tiempo nos escarcha el pelo te lo pintás del color que quieras, y si nos arruga la piel un lifting y ya; si empezás a caminar lento mejor, todo se hará a un ritmo que te permita disfrutar de lo que hacés, si empieza el tiempo que te sobra tiempo buscá en qué ocuparlo y listo.
La vida tiene cosas que se pueden disfrutar a pesar del paso del tiempo: "los amigos", los hijos, el paisaje, un café compartido con quien te de la gana, el amor y otras cosas más.
No sé, espero me digan uds. cuales más así no perdemos tiempo y las compartimos.
Besos y estas palabras para pensar.
AH!!! el tiempo no es climático... es el que tenés encima, lo que hay que tratar es que no te pese.

Chauci
Yo


La inteligencia sin amor, te hace perverso.
La justicia sin amor, te hace implacable.

La diplomacia sin amor, te hace hipócrita.

El exito sin amor, te hace arrogante.

La riqueza sin amor, te hace avaro.

La docilidad sin amor te hace servil.

La pobreza sin amor, te hace orgulloso.

La belleza sin amor, te hace ridículo.

La autoridad sin amor, te hace tirano.

El trabajo sin amor, te hace esclavo.

La simplicidad sin amor, te quita valor.

La oración sin amor, te hace vacio.

La ley sin amor, te esclaviza.

La politica sin amor, te hace egoista.

La fe sin amor te convierte en fanático.



Nota del editor: a esta lista le agregaría una frase de la célebre filósofa y mimo bernalezca, A. Sardeaux, que reza “Marini, el amor es una mierda!!!”.

viernes, diciembre 29, 2006

Atajos que alejan (o Alejos que atajan)


Me comieron los mosquitos.
¿Será cierto que tienen visión infrarroja?
Me preguntaba de donde salen esos guachos, cómo me encontraron de noche y siendo el único ser humano –a pata- por esos descampados. Claro, debe ser cierto, habrán visto una bola roja correr por el costado de la autopista y se me fueron al humo… como ternero a la teta, como gallego a la gaita.

Está lindo el costado de la autopista para correr de noche, el problema es que los autos que van por la “colectora” lo tapan a uno de tierra, por que la colectora es de tierra… si, y los mosquitos que te morfan.

De regreso, muy cansado pero siempre a gamba, decidí tomar por una calle interior, por que el Belgrano está poco iluminado y no hay veredas; es decir, por que los colectivos –aún sin tener visión infrarroja- son más peligrosos que los mosquitos… peligrosos cómo loco con escopeta o como mono con navaja, y viceversa.

Tomé por una calle interna. Y venía muy contento, pensaba “que pegada, no conocía esta callecita pavimentada por la que no pasa un auto, y hasta tiene faroles en todas las esquinas!!!” Pero poco a poco la satisfacción por el hallazgo fue tornando en frustración…
“qué mierda pasa que no llego más, parece que esta calle chota se aleja cada vez más del Belgrano…”

Y si, parece que el supuesto atajo resultó una diagonal… “malditas diagonales, maldita ciudad de las diagonales, malditos todos los que viven en la ciudad de las diagonales, etc.”.

Y la diagonal terminaba contra la fábrica de “Coca Cola”, lugar que supo inspirar infinidad de fantasías en los niños de antaño. Por que ahí se fabricaba la misteriosa bebida y también –se decía- los fantásticos premios de las promociones (figuritas, platos, vasos… boludeces, pero fantásticas para los pibes). También se decía que cualquiera que trabajara allí, además de tener una gran sueldo, podía hartarse se Coca cola; era como el país de chocolate que visita Homero en sus sueños, pero de Coca Cola.

Si, y la bebida era misteriosa, por que en las casas se tomaba solo en alguna ocasión muy especial, y cuando ibas a los cumpleaños de tus amiguitos las viejas te la servían en jarra, bien diluida para que rinda más… un asco, como cucharada de moco o como pisar mierda en pata, o viceversa.

No, solo se podía acceder al misterio de la Coca Cola en esas salidas furtivas con tus amigos, en esas expediciones a barrios desconocidos, cuando dejando las bicicletas desparramadas en la vereda de algún kiosco encontrado por ahí, sentados en el cordón y al rayo del sol, disfrutábamos de la helada gaseosa que compramos juntando entre todos las chirolas que cada cual había birlado del monedero de su respectiva vieja antes de salir.

Otro elemento que agrandaba el misterio, ¿por qué ni en tu casa ni en ningún otro lado se podía tomar la Coca tan fría como en la vereda del kiosco?

También el sabor era distinto, mejor, aunque diera un poco de asquito compartir, por que siempre había alguno que no sabía tomar y te dejaba todo el pico babeado… ¿Ese sabor distinto sería el sabor de lo prohibido? Y, algo de prohibido tendría, algo de remordimiento nos daría tomar de esa botella transpirada ese brebaje tan frío como nunca se tomaría en casa alguna. Si es algo que no se hace comúnmente en casa puede ser que esté mal, por las dudas no se comentaba; se guardaba como un secreto de amigos, como el primer cigarrillo, como la primer borrachera o como la primera salida a un burdel.

Y es así como, hasta el día de hoy, muchos de mi generación al tomar una Coca creemos poder encontrar en esa botella de vidrio (con las de plástico ni lo intentamos) el sabor de aquellas tardes de verano, el sabor a prohibido y a niñez…

Pero ahí estaba, la calle por la que caminaba terminaba contra la fábrica y tuve que rodearla para completar mi camino.
Pude ver los pasajes por donde entran y salen los camiones en el medio de los cuales –a unos dos metros de altura- se sitúan unas oficinas alargadas, totalmente vidriadas. Para qué tanto vidrio, para qué tanta visibilidad, ¿será para poder tener un control exhaustivo de lo que los camiones sacan de la fábrica, será para que nadie se lleve una Mirinda de más? Se me ocurrió que la empresa no es tan pródiga con sus empleados como se pensaba.


También pude ver por una ventana la línea de producción, todas las botellitas avanzando en fila, como soldados esperando a ser llenados por el vital elemento.

Esas imágenes terminaron de disolver los mitos sobre “la Coca” que guardaba de la infancia…
“maldito panóptico que maximiza los beneficios de la mezquindad… maldito capitalismo industrial avanzado con sus líneas de producción robotizadas y sus botellas de plástico”.

Finalmente, el atajo me alejó pero parece que alejarse no es tan malo; igual llegué a destino.
Además, por lo visto, alejarse puede servir para pensar y para recordar; de hecho, entre otras cosas, este escrito también fue pensado en el tiempo de más que me llevó llegar a casa.
A su vez el escrito, con todos sus desvíos y diagonales, también resultó un atajo.
Básicamente, aunque me desvié hacia cosas que ni pensaba y me alejó de otras que si pensaba, casi como en un “libre fluir de la conciencia” el texto llega a su destino final/inicial: reestablecer el contacto.

Feliz 2007 para tod@s
Es un deseo de Coca Cola

viernes, diciembre 15, 2006

CERRADO POR VACACIONES

Este sitio permanecerá cerrado durante todo el verano, época en la que –si bien no logro alejarme mucho ni por mucho tiempo de me ciudad natal- por los inconvenientes de “servidor” conocidos por tod@s estaré alejado de los entornos virtuales.


En este caso, contradiciendo el típico lema de “call center”, debo decir “SU CONSULTA SI MOLESTA”. Desde este momento no respondo más mails, mensajes o llamados telefónicos a no ser que se trate de alguna invitación para correr atrás de la pelotita.



Nos vemos
El enamorado que no sabe chiflar bajito pero tampoco se suicida.