domingo, febrero 25, 2007

Trascendente hasta la muerte...

“Siempre digo que dependo de mis delanteros. Por suerte me respondieron Palacio y Neri. Si ellos no la meten, si la pelota se va a fuera, nadie se acuerda de los pases” (Riquelme dixit; 24/02/07)

Como verás, larva anti-riquelmista recalcitrante, he tomado una imagen editada y parafraseado un título -ambos tuyos- que hoy adquieren un significado totalmente opuesto al original.
Tanto frase como imagen han cambiado de significado sobre todo para vos, que anoche sentiste en carne propia lo que es tener en frente a Román.
El otro día, mientras me decías en el bar más marxista de la unqui que “la vuelta de Riquelme es un fracaso total” yo pensaba que, en realidad, contra Central hizo lo mismo que siempre: dos o tres pases precisos, nada más; como aquella vez Palermo no los supo aprovechar todas las críticas cayeron contra el. Hoy, nuevamente lo mismo, dos paces precisos, no hizo falta más, esta vez son aprovechados y Román vuelve a ser genio y figura. Su hazaña solo es opacada por el gol increíblemente convertido en el último minuto por alguien a quien en su momento también te encargaste de defenestrar.

Vos, que afirmaste descaradamente que “el mejor retorno es el del Piojo López”... no se que decirte, dedicate a comentar carreras de autos antiguos.

Cariños
Pome

sábado, febrero 17, 2007

BABEL

Al final, a pesar de lo inclemente del tiempo logramos juntar un grupo “pequeño pero bueno”.
Valió la pena arriesgarse a un resfrío y soportar los mocos chorreantes de la madrugada a cambio de una avela menada (perdón, amena velada) en compañía de persona/s querida/s y de una buena película (agregando el plus de haberme cruzado con la princesa y que me haya saludado, lo que redondea una noche perfecta).

Yendo al grano, la película refleja muy bien una “Babel” donde, a pesar de lo multitudinario y lo avanzado de las “comunicaciones”, las personas no logran vencer la soledad, el aislamiento y los desencuentros. Igualmente la trama es bastante compleja como para ponerme a analizarla, si dejo de lado algún aspecto que consideran importante pueden traerlo en los comentarios, yo me voy a remitir a dos cuestiones en las que muchas veces me encuentro pensando y que resultan estar en el centro de esta narración.

-Por un lado están esas decisiones que a veces tomamos, esas acciones cuyas consecuencias no medimos o se nos van de las manos resultando en situaciones increíbles, tan incomprensibles que nos sumergen como en un sueño en donde no podemos hacer más que decirnos y preguntarnos cosas como “no lo debería haber hecho”, “si lo hubiera hecho un segundo antes... o uno después”, “no puede ser que me esté pasando” o “por qué mierda me está pasando esto”.
Pongamos algún ejemplo: un accidente de tránsito. Nadie sale a la ruta pensando en matarse o matar a toda su familia, pero pasa. Una maniobra equivocada de uno mismo o de otro al cruzarse en un casi inverosímil de tan preciso instante... en caso de sobrevivir, en medio del más dantesco de los panoramas, el conductor no puede más que lamentarse por haber realizado la maniobra (de no haberla hecho la vida seguiría como nada) o por haberse parado a cargar agua para el mate... si no fuera por esos minutos que perdió no se encontraba complicado en tal tragedia.
Una situación de este tipo es la que inicia el drama en la película: dos niños probando un arma disparan a un ómnibus con la certeza de que esta carecía de la potencia para alcanzarlo. Es ahí donde aparecen nuevamente esas cuestiones de milímetros y milésimas de segundo, y una certeza que los perseguirá de por vida: no debí hacerlo. (Otro ejemplo en la película es el del haya mexicana; nada, un instante, una mala decisión, un milico que se pone en forro y toda una vida que desaparece al ser deportada. Seguramente la mujer también se hizo todas las preguntas posibles del tipo ya mencionado).

-Por otro lado está la coincidencia, el azar, el destino... Dios, o como quieran llamarlo (Dios no lo quiera): un desierto desolado, pocas posibilidades de que ande por ahí un loco armado; y, si anda, son pocas las posibilidades de que lo haga en el justo momento y lugar por donde nosotros pasamos. Supongamos que se da esta poco probable situación: hay pocas posibilidades de que elija para disparar justo al vehículo en que nos trasladamos y, si lo hace, que justo de en un blanco humano; mucho menos que ese humano sea la persona querida pudiendo haber dado en cualquiera de los otros cuarenta y tantos pasajeros... y la lista sigue.

La cantidad de causalidades que deben converger para que se de una de estas tragedias es muy grande, la posibilidad es mínima, pero pasan. En la película a todo este orden de sucesos se le suma el hecho de que la persona que dispara no lo hace buscando matar: se trata del niño que desconoce el poder de su arma y luego se arrepentirá de lo que hizo.

Creo que, a demás de la constante impresión de “Babel” y su estética general, lo que más me gustó de la película fue la forma en que logra plasmar esas cadenas de improbables sin que los desenlaces parezcan forzadas o exagerados; si hasta parece natural que las cosas sean así.
Me queda la sensación de “lo vivido”, de las cosas que pasan, por que -pensándolo bien- aunque en mi caso nunca fueron momentos tan extremos, uno puede hacer un recuento de la cantidad de veces en que una fracción de tiempo o espacio lo llevaron a situaciones impensadas e incomprensibles*, inolvidables y hasta a veces irreparables, como las que muestra la película.

Firmado
The Wedding Planer.

*Cabe aclarar que también la casualidad puede concurrir para salvarnos de una cagada... como en “las aventuras del aventador de macetas”, que relaté el otro domingo en la plaza, me parece que la más de las veces, sin que nos demos cuenta, la suerte, la coincidencia, el azar, el destino, Dios, o como carajo quieran llamarlo conspiran para que no paguemos las consecuencias de propia o ajenas imprudencias, malos cálculos, imprevisiones, etc.

martes, febrero 13, 2007

Happy Valentine’s Day

Me resulta extraño escribir sobre esta festividad prefabricada,
como las otras festividades prefabricadas,
es decir como todas,
incluso como los cumpleaños*,
me provoca poco y nada.

Pero es sin dudas uno de esos momentos en los que surge la necesidad:
algo hay que hacer, algo habrá que decir.

Ahora me dirán,
por que verdaderamente la han importado hace poco y no se bien de que trata,
es el día de los enamorados, pero ¿enamorados de qué?
Digo, supongo que es el día en que dos personas, una pareja,
celebra estar mutuamente enamorada, ¿no?

No es el día del enamorado “individual”,
ese que espera en silencio que se le de su suerte.

Tampoco es el día del enamorado “platónico”
que se divide en dos tipos:
1) enamorado de la Mujer** con mayúscula,
es decir de todas, o por lo menos de la mayoría, o
2) “bobalicón enamorado del amor”.


Dadas estas precisiones que me excluyen de la celebración,
paso a dejar mis sinceras felicitaciones a sus legítimos destinatarios,
a aquellos afortunados que recibirán flores,
brindarán y comerán bombones o confites
con las personas mutuamente amadas.

El resto a no apenarse,
a seguir todos lo días enamorados de la Mujer,
o de esa mujer especial, esperando que se les de su suerte,
que esto es como esas fiestas en las quintas,
cuando después de comer y chupar como cerdos,
se hace el famoso partido “solteros contra casados”,
mañana estaremos del otro lado.


Si, pedorro el osito, no?
Nos vemos
*Menos la “semana de la dulzura” donde uno puede garronear un sobe a cambio de alguna golosina berreta comprado en el tren, o, viceversa, lo que es mejor, hasta se puede ligar un buen chocolate por el solo hecho de poner la mejilla y aguantarse el beso (esto de soportar, por supuesto, lo digo por si la mina es un escracho, si la mina está buena, bingo!, chocolate y beso... y quién sabe, quizás también la promesa de algo más).
**Ya se, también puede ser hombre, pero no me hinchen las pelotas con la distinción genérica justo ahora que me puse romanticón... y profundo... mmm, que cagada, se me hubiera ocurrido antes... encima lo escribí en una sola carilla!!!

domingo, febrero 11, 2007

Ya están prestos los jurados!!!

Solo falta que el señor Veleta se recupere de la horrible resaca que lo aqueja desde hace años (si, se trata de algo crónico) y se digne a colgar los trabajos presentados para lo que considero es el evento literario del verano.
Les deseo la peor de las suertes a todos los contrincantes (si eso de la camaradería deportiva no me lo como ni ahí, en este momento para mi son todos enemigos, a muerte) y que gane el menos peor.

Cariños
Cersio

sábado, febrero 03, 2007

En el interior se garcha más...

¿En el interior se garcha mas? *

Ya hace un par de meses que “uno de nosotros” me lanzó, entremezclada entre otras tantas disquisiciones existenciales, la afirmación que titula a este artículo (la interrogación es mia).
Sabedor de que en poco tiempo pensaba hacer una breve incursión a los inexplorados –por lo menos para mí- territorios norteños, sugirió utilizar dicha proposición a modo de hipótesis: que podría corroborar o falsar (al mejor estilo Cervini) durante mi expedición.

Ahora ya estoy de vuelta y descansado de mi duro trajín (?), así que he decidido, entre otras cosas, “socializar” los resultados de mi observación:
Los datos no parecen brindar pruebas contundentes a favor o en contra de la hipótesis de investigación...

Para empezar, en mis primeras escapadas nocturnas de exploración, trate de detectar prácticas que pudieran facilitar el análisis estadístico para la corroboración de la hipótesis en cuestión. Pero fue en vano: por mas que lo intenté –se los puedo garantizar- no pude localizar ninguna partusa, las prácticas orgiásticas brillaron por su ausencia –al parecer los Satyros y las Bacantes también se tomaron vacaciones y el viejo Dionysos ya debe estar jubilado- , ... ni siquiera una mísera “menage à trois” pude encontrar (¿se escribe así?)... Así que tuve que conformarme con escuchar una muy linda guitarreada en la plaza de Amaicha del Valle... ¿Swingers?... Bien, gracias...
En fin, estas cosas parecen encontrarse mas fácilmente en la noche capitalina, que a veces se extiende hasta pasado el mediodía...

Sin desanimarme, y viendo que esta línea de investigación no daba los resultados esperados, decidí observar las prácticas “más normales”:
A nivel puramente estadístico no se observan diferencias significativas entre Buenos Aires y “el interior” (como si Bs. As. estuviera en el exterior). Pero sí parece haber un leve sesgo positivo hacia el grupo de “
turistas” o “mochiler@s”, si lo comparamos con l@s “locales” (en una de esas deberiamos profundizar en esta línea investigativa...). Tal vez las muestras ya estaban sesgadas, o tal vez tiene que ver con el fervor de las vacaciones lejos de casa, el ojo del observador pudo haber sido afectado por las condiciones experimentales, o tal vez se deba a algún otro factor misterioso al que nos tienen acostumbrados las Ciencias Sociales...

Sin embargo otra cosa que me llamó la atención –y es esto a donde queríamos llegar- tiene que ver con los modos de relacionarse entre las personas, y es aquí donde parecen encontrarse ciertas diferencias entre los grupos “interior” vs. “BA”:
Al parecer ciertas formas de organización societal conformadas en las grandes urbes parecen favorecer algunas matrices particulares de relacionamiento interpersonal (y por qué no intrapersonal), al mismo tiempo que desfavorecen otras.
Para aclarar un poco el asunto podemos recurrir, para no perder la costumbre, a la literatura: autores como Aldous Huxley (“Un Mundo Feliz”), o George Orwell (“1984”) imaginan sociedades ficticias -¿o predicen estructuras en función de lo que su sociedad dejaba ver?- en donde se destruyen, o mejor dicho se alteran, las relaciones interpersonales hacia una matriz en donde prima la falta de compromiso, la promiscuidad, etc. Todo esto en funcion de “construir” sujetos mas eficientes (palabrita muy usada en las últimas décadas), mas leales y mas dóciles.
En el caso de Huxley, mostraba una sociedad en donde se deconstruían las subjetividades “tradicionales” (por usar algún término, no creo que sea el mas adecuado, pero es el primero que encontré) y se implantaban conciencias que correspondieran funcionalmente con un adulto extremadamente eficiente en lo laboral, pero aun a costa de comportarse como niños en lo emocional. Esto incluye el recurrir a alucinógenos para huir de la realidad, el no mantener parejas estables, el eliminar todo indicio de relación familiar (“madre” era una “mala palabra”) y todo eso que ya saben... Aquí el amo y señor era el “mercado de consumo”, y no por nada su dios se llamaba Ford,... y a veces Freud.
En el caso de Orwell (“1984”, la del “Gran Hermano”) la situación es parecida a la anterior, pero aquí lo que intenta asegurarse al “destruir” toda relación personal o familiar, es la lealtad al Estado. Hacen falta sujetos dóciles y sumisos, leales y convencidos de que el Gran Hermano los protegerá... capaces de delatar a sus padres si el “deber” hacia el estado lo requiere...
Otro ejemplo de estas prácticas puede observarse, al parecer, en “Las Instituciones Voraces” de Lewis Coser: donde se explica que el partido bolchevique promovía la promiscuidad como medio de sujeción (¿para que vas a buscar pareja afuera del partido si acá las tenés regaladas?) y control hacia los miembros del partido (ya que todo aquel que no lo hiciera se transformaba inmediatamente en sospechoso de traición).

En todos estos casos se puede ver como la disolución de las relaciones personales favorecen ciertas formas de gobierno de los sujetos, y como la deconstruccion de ciertas matrices de relacionamiento interpersonal conforman subjetividades que pueden ser funcionales a muy diversos fines... ( pueden repasar Foucault, Deleuze, etc.)
No se trata necesariamente de prohibir el contacto entre las personas, que se hablen, o que se miren, sino que se pueden promover otras formas de relación que generan una comunicación ficticia, (¿a qué les suena?). Y esto no tiene tanto que ver con los medios que utilizamos para comunicarnos, o con la cantidad de las comunicaciones, sino con lo que transmitimos en una relación. (¿de esto es lo que habla “Amor Liquido”?, si alguien lo tiene a mano, pásemelo que quiero echarle una ojeada).
En estas sociedades que describen Orwell, Huxley y Coser son mal vistas las relaciones estables, duraderas… profundas.


Aquí es donde toda esta sanata y el divague intelectual previo enlaza con la hipótesis que dio origen al articulo:
Al parecer en las grandes ciudades actuales se produce un fenomeno similar: la gente que vive en la ciudad es, en términos productivos, más eficiente que la del interior (por eso somos “la gran cuidad”). Pero hay indicios que para lograr eso hay que desprenderse de las relaciones que nos implican perder “valioso tiempo”, y el poco tiempo que nos queda no vale perderlo en asuntos que de seguro nos “complicarán la vida”. En las urbes parece avanzar cada vez más una matriz de relacionamiento en donde las comunicaciones parece ser mas frías, vacías, sin arriesgarse al compromiso. Como me llegó en un mail “...tengo la sensación que, afectivamente, nos comportamos como niños: vamos a los boliches, histeriqueamos, nos mostramos, tranzamos, hasta –con un poco de suerte- garchamos… pero todo efímero, sin comprometernos, sin arriesgarnos a que el asunto nos robe una noche de sueño...” (Pomelo dixit; 2007).
En la breve intervención que hice hacia el interior parecía sentirse algo distinto en la gente del lugar (tal vez sea sólo una percepción alterada), en un breve intercambio de palabras o un cruce de miradas podian inferirse muchas cosas que hablan de una búsqueda de relaciones mas profundas, que se yo... tambien se dan relaciones fugaces, pero creo que esos son efectos y no intenciones, y allí es donde radicaría la diferencia... Tal vez busquen los lazos fuertes que nosotros despreciamos...

Para finalizar: ¿En el interior se garcha mas?... no tengo ni la mas pálida idea, pregúntenle a alguien que haya viajado mas al interior... del país.

*Por Coconut Groove.

domingo, enero 14, 2007

EL JUGUETE RABIOSO (o “Los títulos mienten”)

Hace más o menos un mes mandé a algunos de mis contactos un mail con fotos que le saqué a una guitarra que me acababan de entregar.
El asunto del mail rezaba “El juguete rabioso” pero, aunque conocedor de que se trataba de un plagio a la obra de Arlt, el título no buscaba ninguna relación con la historia del libro homónimo.

Debo reconocer que fui imprudente, que no lo tuve en cuenta, pero algunas de las respuestas recibidas me recordaron la forma en que un título puede predisponer al lector.
Por un lado “elfa malvada”, tratando de relacionar el final de esta historia (por que lo de esa guitarra también fue una historia) con el relato de Arlt decía no recordar en qué había terminado la historia de Silvio Astier; por otro lado, el detective Coconut Groove (ya aparecerán sus fotos) me preguntaba –después de uno de sus típicos “ah bueno”- si “¿no será demasiado comparar una guitarra con el juguete rabioso de Arlt?”.
Tuve que reconocer a ambos que, en realidad, todavía no había leído el cuento. Que el significado del título era mucho más obvio: “una guitarra es algo con lo que uno se puede divertir y en ese sentido sería un juguete; por otro lado, aunque no creo que se pueda adjetivar algo como la música o el sonido (¿qué es una música alegre o triste?, el que se pone alegre o triste es el que la escucha; ¿cómo es un sonido brillante, y uno oscuro?), había que describir de alguna forma el sonido de esa guitarra particular y, en ese sentido, el término `rabioso´ -por comparación- se ajusta bastante a la realidad”.

Un poco avergonzado por no haber leído ejemplar tan caro a nuestra literatura, esperé a tener un poco de tiempo y salí corriendo al cachimbo donde compro los libros para conseguir una copia y tratar de encontrar, lo antes posible, respuesta a las cuestiones planteadas. Veamos que encontré:

Lo primero que me llamó la atención fue una especie de identificación con el mundo que describe Arlt. Es raro, uno siempre anda hurgando entre autores extranjeros y de diversas épocas para poder acceder a “otros mundos posibles” pero en este caso me deleitó, me dio como una sensación de comodidad, esa cosa familiar del arrabal, del empedrado matinal todavía húmedo de rocío, de los carros feriantes tirados por caballos, etc., todas cosas que quedan un poco lejos en el tiempo pero todavía son parte de nuestra cultura.
Otra cosa que me sorprendió fue el lenguaje. Durante la lectura me encontré con cantidad de palabras que no había escuchado nunca como “correveidile”, “cariacontecido”, “bigardón”, “ranún”, etc. Pensé que se trataba da palabras compuestas (por ejemplo las primeras dos) o términos lunfardos, pero al buscarlas en el diccionario comprobé que, en su mayoría, tienen usos aceptados por la real academia española… en ese sentido Arlt se parece a su personaje, un lumpen ilustrado, alguien que mezcla lo marginal con “lo culto”, el argot con los libros de ciencia o literatura. Habrá que darle la derecha a doña Rosa, a medida que pasa el tiempo nuestro lenguaje se empobrece, se degrada. Por mi parte me he propuesto incluir algo de “terminología Arlt” a mi vocabulario, ya la verán en mis escritos… por lo pronto ya la estoy usando para tachar al novio de mi hermana de “badulaque”, “cernícalo”, y “perdulario”.

Respecto a la historia en particular, es un relato típicamente posmoderno. Ya dijo Llotard que el posmodernismo marca el fin de los grandes relatos. Se imponen las “historias mínimas”, comunes, poco utópicas; a diferencia de relatos como el de Aquiles (por poner un ejemplo) cualquiera puede vivir una historia como la de Astier, quizás esa identificación, esa posibilidad es lo que nos seduce de este tipo de relatos.
Por este carácter de la obra es que no se puede dar respuesta a la cuestión planteada por “elfa más mala que una araña”. ¿Cómo termina la historia? La historia no termina, en realidad se trata de una serie de sucesos que le ocurren en determinado periodo de la vida a
un personaje que ni muere ni “come perdices”. Aunque –aparentemente- sobre el final Silvio encuentra lo que buscaba, no se sabe, el libro podría ser un capitulo de una historia mucho más extensa, la de toda su vida. Yo, personalmente, para terminar la historia en forma consecuente con lo que fueron sus sucesos anteriores, hubiera agregado un renglón diciendo “nunca más volvió a ver al ingeniero Arsenio Vitri” (aquel que iba a facilitarle el cambio de vida que esperaba).

Respecto a la pregunta de Cristian (ouchhh!!!), en realidad me quedó la duda, no estoy seguro a que se refiere con “juguete rabioso”. Por el arma que ilustra la portada, por los inventos explosivos de su infancia o por las correrías delictivas que protagoniza con sus amigos Lucio y Enrique en los primeros capítulos uno espera que “el juguete” sea algo siniestro, alguna forma de organización delictiva, algo que mate.
También el desarrollo de la historia nos hace esperar un desenlace de este tipo. Ya en su adolescencia Silvio debe ganarse su propio sustento y pasa las peores penurias en busca de un empleo que se lo proporcione. Los malos tratos, la desidia y los abusos que sufre hacen pensar que el autor está armando una justificación del tipo “en este país una persona buena, inteligente y con ganas de trabajar se encuentra con tantas frustraciones que, al final, no le queda otra que salir a robar”. Pero no: Silvio sigue intentando, aun después de un intento de suicidio se repone y sigue buscando “ganarse el pan con el sudor de su frente”.

Al final Astier conoce a una persona con la que planea un robo importante. Así el lector cree que la historia se encamina hacia el desenlace esperado, que el personaje terminará por realizarse como bandido o como “fiambre”; aunque siempre memorable, por que su personalidad está destinada a ello, parece que el destino no puede depararle más que una de esas dos posibilidades.
Pero me vuelvo a equivocar: aunque sin buscarlo, Silvio encuentra una salida alternativa. ¿Cómo?, cometiendo algo que el mismo considera una infamia. Decide delatar a su cómplice aunque teniendo claro que “si hago eso destruiré la vida del hombre más noble que he conocido… si hago eso me condeno para siempre… y estaré solo, y seré como Judas Iscariote…. toda la vida llevaré una pena”.
El no tiene claro por qué lo hace, pero lo hace. Parece ser la búsqueda de algo, de algo muy propio como ese secreto inconfesable o de algo que por medio del recuerdo y la vergüenza le permita saber verdaderamente quién es. Parece lógico, el personaje experimenta una degradación continua y, quizás en forma inconsciente, cree que es necesario llegar a lo más bajo, tocar fondo mediante la traición para poder empezar de nuevo; para verse obligado a dejar atrás al yo anterior y emerger como una persona nueva, quizás ya no memorable. Tengo la sospecha de que el juguete es eso, la esperanza de algo providencial (no importa que), algo que pueda torcer el destino.
En definitiva, si mis cavilaciones son válidas se podrá decir que si, que es demasiado llamar a una simple guitarra “juguete rabioso”. Como algo que provoque la muerte, aunque la tomemos del mango y demos de guitarrazos a algún desgraciado, es poco práctica; como objeto providencial que cambie una vida es poco probable.

Bueno, mis queridos pelafustanes, esto es lo que pude obtener de mi ojeada a Roberto Arlt. Quien quiera agregar precisiones o cuestiones que hayan escapado a mi análisis, sobre todo si tiene la posta sobre qué quiso decir Arlt con lo de Juguete Rabioso, será bienvenido.

Será hasta la próxima.

martes, enero 09, 2007

Otro aporte de la intergaláctica Ortalda...

La ahora también comentarista del tiempo me pidió que deje esta reflexión (“Bueno Sergio ponele una linda foto o imagen y publicala si te parece pertinente”).


El paso del tiempo es inevitable, pero no habría que preocuparse por eso.
Como decía un grande a quién admiro "La vida es aquello que pasa cuando estamos distraídos en otra cosa..." o algo así.
Qué hay, si el tiempo nos escarcha el pelo te lo pintás del color que quieras, y si nos arruga la piel un lifting y ya; si empezás a caminar lento mejor, todo se hará a un ritmo que te permita disfrutar de lo que hacés, si empieza el tiempo que te sobra tiempo buscá en qué ocuparlo y listo.
La vida tiene cosas que se pueden disfrutar a pesar del paso del tiempo: "los amigos", los hijos, el paisaje, un café compartido con quien te de la gana, el amor y otras cosas más.
No sé, espero me digan uds. cuales más así no perdemos tiempo y las compartimos.
Besos y estas palabras para pensar.
AH!!! el tiempo no es climático... es el que tenés encima, lo que hay que tratar es que no te pese.

Chauci
Yo


La inteligencia sin amor, te hace perverso.
La justicia sin amor, te hace implacable.

La diplomacia sin amor, te hace hipócrita.

El exito sin amor, te hace arrogante.

La riqueza sin amor, te hace avaro.

La docilidad sin amor te hace servil.

La pobreza sin amor, te hace orgulloso.

La belleza sin amor, te hace ridículo.

La autoridad sin amor, te hace tirano.

El trabajo sin amor, te hace esclavo.

La simplicidad sin amor, te quita valor.

La oración sin amor, te hace vacio.

La ley sin amor, te esclaviza.

La politica sin amor, te hace egoista.

La fe sin amor te convierte en fanático.



Nota del editor: a esta lista le agregaría una frase de la célebre filósofa y mimo bernalezca, A. Sardeaux, que reza “Marini, el amor es una mierda!!!”.

viernes, diciembre 29, 2006

Atajos que alejan (o Alejos que atajan)


Me comieron los mosquitos.
¿Será cierto que tienen visión infrarroja?
Me preguntaba de donde salen esos guachos, cómo me encontraron de noche y siendo el único ser humano –a pata- por esos descampados. Claro, debe ser cierto, habrán visto una bola roja correr por el costado de la autopista y se me fueron al humo… como ternero a la teta, como gallego a la gaita.

Está lindo el costado de la autopista para correr de noche, el problema es que los autos que van por la “colectora” lo tapan a uno de tierra, por que la colectora es de tierra… si, y los mosquitos que te morfan.

De regreso, muy cansado pero siempre a gamba, decidí tomar por una calle interior, por que el Belgrano está poco iluminado y no hay veredas; es decir, por que los colectivos –aún sin tener visión infrarroja- son más peligrosos que los mosquitos… peligrosos cómo loco con escopeta o como mono con navaja, y viceversa.

Tomé por una calle interna. Y venía muy contento, pensaba “que pegada, no conocía esta callecita pavimentada por la que no pasa un auto, y hasta tiene faroles en todas las esquinas!!!” Pero poco a poco la satisfacción por el hallazgo fue tornando en frustración…
“qué mierda pasa que no llego más, parece que esta calle chota se aleja cada vez más del Belgrano…”

Y si, parece que el supuesto atajo resultó una diagonal… “malditas diagonales, maldita ciudad de las diagonales, malditos todos los que viven en la ciudad de las diagonales, etc.”.

Y la diagonal terminaba contra la fábrica de “Coca Cola”, lugar que supo inspirar infinidad de fantasías en los niños de antaño. Por que ahí se fabricaba la misteriosa bebida y también –se decía- los fantásticos premios de las promociones (figuritas, platos, vasos… boludeces, pero fantásticas para los pibes). También se decía que cualquiera que trabajara allí, además de tener una gran sueldo, podía hartarse se Coca cola; era como el país de chocolate que visita Homero en sus sueños, pero de Coca Cola.

Si, y la bebida era misteriosa, por que en las casas se tomaba solo en alguna ocasión muy especial, y cuando ibas a los cumpleaños de tus amiguitos las viejas te la servían en jarra, bien diluida para que rinda más… un asco, como cucharada de moco o como pisar mierda en pata, o viceversa.

No, solo se podía acceder al misterio de la Coca Cola en esas salidas furtivas con tus amigos, en esas expediciones a barrios desconocidos, cuando dejando las bicicletas desparramadas en la vereda de algún kiosco encontrado por ahí, sentados en el cordón y al rayo del sol, disfrutábamos de la helada gaseosa que compramos juntando entre todos las chirolas que cada cual había birlado del monedero de su respectiva vieja antes de salir.

Otro elemento que agrandaba el misterio, ¿por qué ni en tu casa ni en ningún otro lado se podía tomar la Coca tan fría como en la vereda del kiosco?

También el sabor era distinto, mejor, aunque diera un poco de asquito compartir, por que siempre había alguno que no sabía tomar y te dejaba todo el pico babeado… ¿Ese sabor distinto sería el sabor de lo prohibido? Y, algo de prohibido tendría, algo de remordimiento nos daría tomar de esa botella transpirada ese brebaje tan frío como nunca se tomaría en casa alguna. Si es algo que no se hace comúnmente en casa puede ser que esté mal, por las dudas no se comentaba; se guardaba como un secreto de amigos, como el primer cigarrillo, como la primer borrachera o como la primera salida a un burdel.

Y es así como, hasta el día de hoy, muchos de mi generación al tomar una Coca creemos poder encontrar en esa botella de vidrio (con las de plástico ni lo intentamos) el sabor de aquellas tardes de verano, el sabor a prohibido y a niñez…

Pero ahí estaba, la calle por la que caminaba terminaba contra la fábrica y tuve que rodearla para completar mi camino.
Pude ver los pasajes por donde entran y salen los camiones en el medio de los cuales –a unos dos metros de altura- se sitúan unas oficinas alargadas, totalmente vidriadas. Para qué tanto vidrio, para qué tanta visibilidad, ¿será para poder tener un control exhaustivo de lo que los camiones sacan de la fábrica, será para que nadie se lleve una Mirinda de más? Se me ocurrió que la empresa no es tan pródiga con sus empleados como se pensaba.


También pude ver por una ventana la línea de producción, todas las botellitas avanzando en fila, como soldados esperando a ser llenados por el vital elemento.

Esas imágenes terminaron de disolver los mitos sobre “la Coca” que guardaba de la infancia…
“maldito panóptico que maximiza los beneficios de la mezquindad… maldito capitalismo industrial avanzado con sus líneas de producción robotizadas y sus botellas de plástico”.

Finalmente, el atajo me alejó pero parece que alejarse no es tan malo; igual llegué a destino.
Además, por lo visto, alejarse puede servir para pensar y para recordar; de hecho, entre otras cosas, este escrito también fue pensado en el tiempo de más que me llevó llegar a casa.
A su vez el escrito, con todos sus desvíos y diagonales, también resultó un atajo.
Básicamente, aunque me desvié hacia cosas que ni pensaba y me alejó de otras que si pensaba, casi como en un “libre fluir de la conciencia” el texto llega a su destino final/inicial: reestablecer el contacto.

Feliz 2007 para tod@s
Es un deseo de Coca Cola

viernes, diciembre 15, 2006

CERRADO POR VACACIONES

Este sitio permanecerá cerrado durante todo el verano, época en la que –si bien no logro alejarme mucho ni por mucho tiempo de me ciudad natal- por los inconvenientes de “servidor” conocidos por tod@s estaré alejado de los entornos virtuales.


En este caso, contradiciendo el típico lema de “call center”, debo decir “SU CONSULTA SI MOLESTA”. Desde este momento no respondo más mails, mensajes o llamados telefónicos a no ser que se trate de alguna invitación para correr atrás de la pelotita.



Nos vemos
El enamorado que no sabe chiflar bajito pero tampoco se suicida.