domingo, enero 14, 2007

EL JUGUETE RABIOSO (o “Los títulos mienten”)

Hace más o menos un mes mandé a algunos de mis contactos un mail con fotos que le saqué a una guitarra que me acababan de entregar.
El asunto del mail rezaba “El juguete rabioso” pero, aunque conocedor de que se trataba de un plagio a la obra de Arlt, el título no buscaba ninguna relación con la historia del libro homónimo.

Debo reconocer que fui imprudente, que no lo tuve en cuenta, pero algunas de las respuestas recibidas me recordaron la forma en que un título puede predisponer al lector.
Por un lado “elfa malvada”, tratando de relacionar el final de esta historia (por que lo de esa guitarra también fue una historia) con el relato de Arlt decía no recordar en qué había terminado la historia de Silvio Astier; por otro lado, el detective Coconut Groove (ya aparecerán sus fotos) me preguntaba –después de uno de sus típicos “ah bueno”- si “¿no será demasiado comparar una guitarra con el juguete rabioso de Arlt?”.
Tuve que reconocer a ambos que, en realidad, todavía no había leído el cuento. Que el significado del título era mucho más obvio: “una guitarra es algo con lo que uno se puede divertir y en ese sentido sería un juguete; por otro lado, aunque no creo que se pueda adjetivar algo como la música o el sonido (¿qué es una música alegre o triste?, el que se pone alegre o triste es el que la escucha; ¿cómo es un sonido brillante, y uno oscuro?), había que describir de alguna forma el sonido de esa guitarra particular y, en ese sentido, el término `rabioso´ -por comparación- se ajusta bastante a la realidad”.

Un poco avergonzado por no haber leído ejemplar tan caro a nuestra literatura, esperé a tener un poco de tiempo y salí corriendo al cachimbo donde compro los libros para conseguir una copia y tratar de encontrar, lo antes posible, respuesta a las cuestiones planteadas. Veamos que encontré:

Lo primero que me llamó la atención fue una especie de identificación con el mundo que describe Arlt. Es raro, uno siempre anda hurgando entre autores extranjeros y de diversas épocas para poder acceder a “otros mundos posibles” pero en este caso me deleitó, me dio como una sensación de comodidad, esa cosa familiar del arrabal, del empedrado matinal todavía húmedo de rocío, de los carros feriantes tirados por caballos, etc., todas cosas que quedan un poco lejos en el tiempo pero todavía son parte de nuestra cultura.
Otra cosa que me sorprendió fue el lenguaje. Durante la lectura me encontré con cantidad de palabras que no había escuchado nunca como “correveidile”, “cariacontecido”, “bigardón”, “ranún”, etc. Pensé que se trataba da palabras compuestas (por ejemplo las primeras dos) o términos lunfardos, pero al buscarlas en el diccionario comprobé que, en su mayoría, tienen usos aceptados por la real academia española… en ese sentido Arlt se parece a su personaje, un lumpen ilustrado, alguien que mezcla lo marginal con “lo culto”, el argot con los libros de ciencia o literatura. Habrá que darle la derecha a doña Rosa, a medida que pasa el tiempo nuestro lenguaje se empobrece, se degrada. Por mi parte me he propuesto incluir algo de “terminología Arlt” a mi vocabulario, ya la verán en mis escritos… por lo pronto ya la estoy usando para tachar al novio de mi hermana de “badulaque”, “cernícalo”, y “perdulario”.

Respecto a la historia en particular, es un relato típicamente posmoderno. Ya dijo Llotard que el posmodernismo marca el fin de los grandes relatos. Se imponen las “historias mínimas”, comunes, poco utópicas; a diferencia de relatos como el de Aquiles (por poner un ejemplo) cualquiera puede vivir una historia como la de Astier, quizás esa identificación, esa posibilidad es lo que nos seduce de este tipo de relatos.
Por este carácter de la obra es que no se puede dar respuesta a la cuestión planteada por “elfa más mala que una araña”. ¿Cómo termina la historia? La historia no termina, en realidad se trata de una serie de sucesos que le ocurren en determinado periodo de la vida a
un personaje que ni muere ni “come perdices”. Aunque –aparentemente- sobre el final Silvio encuentra lo que buscaba, no se sabe, el libro podría ser un capitulo de una historia mucho más extensa, la de toda su vida. Yo, personalmente, para terminar la historia en forma consecuente con lo que fueron sus sucesos anteriores, hubiera agregado un renglón diciendo “nunca más volvió a ver al ingeniero Arsenio Vitri” (aquel que iba a facilitarle el cambio de vida que esperaba).

Respecto a la pregunta de Cristian (ouchhh!!!), en realidad me quedó la duda, no estoy seguro a que se refiere con “juguete rabioso”. Por el arma que ilustra la portada, por los inventos explosivos de su infancia o por las correrías delictivas que protagoniza con sus amigos Lucio y Enrique en los primeros capítulos uno espera que “el juguete” sea algo siniestro, alguna forma de organización delictiva, algo que mate.
También el desarrollo de la historia nos hace esperar un desenlace de este tipo. Ya en su adolescencia Silvio debe ganarse su propio sustento y pasa las peores penurias en busca de un empleo que se lo proporcione. Los malos tratos, la desidia y los abusos que sufre hacen pensar que el autor está armando una justificación del tipo “en este país una persona buena, inteligente y con ganas de trabajar se encuentra con tantas frustraciones que, al final, no le queda otra que salir a robar”. Pero no: Silvio sigue intentando, aun después de un intento de suicidio se repone y sigue buscando “ganarse el pan con el sudor de su frente”.

Al final Astier conoce a una persona con la que planea un robo importante. Así el lector cree que la historia se encamina hacia el desenlace esperado, que el personaje terminará por realizarse como bandido o como “fiambre”; aunque siempre memorable, por que su personalidad está destinada a ello, parece que el destino no puede depararle más que una de esas dos posibilidades.
Pero me vuelvo a equivocar: aunque sin buscarlo, Silvio encuentra una salida alternativa. ¿Cómo?, cometiendo algo que el mismo considera una infamia. Decide delatar a su cómplice aunque teniendo claro que “si hago eso destruiré la vida del hombre más noble que he conocido… si hago eso me condeno para siempre… y estaré solo, y seré como Judas Iscariote…. toda la vida llevaré una pena”.
El no tiene claro por qué lo hace, pero lo hace. Parece ser la búsqueda de algo, de algo muy propio como ese secreto inconfesable o de algo que por medio del recuerdo y la vergüenza le permita saber verdaderamente quién es. Parece lógico, el personaje experimenta una degradación continua y, quizás en forma inconsciente, cree que es necesario llegar a lo más bajo, tocar fondo mediante la traición para poder empezar de nuevo; para verse obligado a dejar atrás al yo anterior y emerger como una persona nueva, quizás ya no memorable. Tengo la sospecha de que el juguete es eso, la esperanza de algo providencial (no importa que), algo que pueda torcer el destino.
En definitiva, si mis cavilaciones son válidas se podrá decir que si, que es demasiado llamar a una simple guitarra “juguete rabioso”. Como algo que provoque la muerte, aunque la tomemos del mango y demos de guitarrazos a algún desgraciado, es poco práctica; como objeto providencial que cambie una vida es poco probable.

Bueno, mis queridos pelafustanes, esto es lo que pude obtener de mi ojeada a Roberto Arlt. Quien quiera agregar precisiones o cuestiones que hayan escapado a mi análisis, sobre todo si tiene la posta sobre qué quiso decir Arlt con lo de Juguete Rabioso, será bienvenido.

Será hasta la próxima.

martes, enero 09, 2007

Otro aporte de la intergaláctica Ortalda...

La ahora también comentarista del tiempo me pidió que deje esta reflexión (“Bueno Sergio ponele una linda foto o imagen y publicala si te parece pertinente”).


El paso del tiempo es inevitable, pero no habría que preocuparse por eso.
Como decía un grande a quién admiro "La vida es aquello que pasa cuando estamos distraídos en otra cosa..." o algo así.
Qué hay, si el tiempo nos escarcha el pelo te lo pintás del color que quieras, y si nos arruga la piel un lifting y ya; si empezás a caminar lento mejor, todo se hará a un ritmo que te permita disfrutar de lo que hacés, si empieza el tiempo que te sobra tiempo buscá en qué ocuparlo y listo.
La vida tiene cosas que se pueden disfrutar a pesar del paso del tiempo: "los amigos", los hijos, el paisaje, un café compartido con quien te de la gana, el amor y otras cosas más.
No sé, espero me digan uds. cuales más así no perdemos tiempo y las compartimos.
Besos y estas palabras para pensar.
AH!!! el tiempo no es climático... es el que tenés encima, lo que hay que tratar es que no te pese.

Chauci
Yo


La inteligencia sin amor, te hace perverso.
La justicia sin amor, te hace implacable.

La diplomacia sin amor, te hace hipócrita.

El exito sin amor, te hace arrogante.

La riqueza sin amor, te hace avaro.

La docilidad sin amor te hace servil.

La pobreza sin amor, te hace orgulloso.

La belleza sin amor, te hace ridículo.

La autoridad sin amor, te hace tirano.

El trabajo sin amor, te hace esclavo.

La simplicidad sin amor, te quita valor.

La oración sin amor, te hace vacio.

La ley sin amor, te esclaviza.

La politica sin amor, te hace egoista.

La fe sin amor te convierte en fanático.



Nota del editor: a esta lista le agregaría una frase de la célebre filósofa y mimo bernalezca, A. Sardeaux, que reza “Marini, el amor es una mierda!!!”.

viernes, diciembre 29, 2006

Atajos que alejan (o Alejos que atajan)


Me comieron los mosquitos.
¿Será cierto que tienen visión infrarroja?
Me preguntaba de donde salen esos guachos, cómo me encontraron de noche y siendo el único ser humano –a pata- por esos descampados. Claro, debe ser cierto, habrán visto una bola roja correr por el costado de la autopista y se me fueron al humo… como ternero a la teta, como gallego a la gaita.

Está lindo el costado de la autopista para correr de noche, el problema es que los autos que van por la “colectora” lo tapan a uno de tierra, por que la colectora es de tierra… si, y los mosquitos que te morfan.

De regreso, muy cansado pero siempre a gamba, decidí tomar por una calle interior, por que el Belgrano está poco iluminado y no hay veredas; es decir, por que los colectivos –aún sin tener visión infrarroja- son más peligrosos que los mosquitos… peligrosos cómo loco con escopeta o como mono con navaja, y viceversa.

Tomé por una calle interna. Y venía muy contento, pensaba “que pegada, no conocía esta callecita pavimentada por la que no pasa un auto, y hasta tiene faroles en todas las esquinas!!!” Pero poco a poco la satisfacción por el hallazgo fue tornando en frustración…
“qué mierda pasa que no llego más, parece que esta calle chota se aleja cada vez más del Belgrano…”

Y si, parece que el supuesto atajo resultó una diagonal… “malditas diagonales, maldita ciudad de las diagonales, malditos todos los que viven en la ciudad de las diagonales, etc.”.

Y la diagonal terminaba contra la fábrica de “Coca Cola”, lugar que supo inspirar infinidad de fantasías en los niños de antaño. Por que ahí se fabricaba la misteriosa bebida y también –se decía- los fantásticos premios de las promociones (figuritas, platos, vasos… boludeces, pero fantásticas para los pibes). También se decía que cualquiera que trabajara allí, además de tener una gran sueldo, podía hartarse se Coca cola; era como el país de chocolate que visita Homero en sus sueños, pero de Coca Cola.

Si, y la bebida era misteriosa, por que en las casas se tomaba solo en alguna ocasión muy especial, y cuando ibas a los cumpleaños de tus amiguitos las viejas te la servían en jarra, bien diluida para que rinda más… un asco, como cucharada de moco o como pisar mierda en pata, o viceversa.

No, solo se podía acceder al misterio de la Coca Cola en esas salidas furtivas con tus amigos, en esas expediciones a barrios desconocidos, cuando dejando las bicicletas desparramadas en la vereda de algún kiosco encontrado por ahí, sentados en el cordón y al rayo del sol, disfrutábamos de la helada gaseosa que compramos juntando entre todos las chirolas que cada cual había birlado del monedero de su respectiva vieja antes de salir.

Otro elemento que agrandaba el misterio, ¿por qué ni en tu casa ni en ningún otro lado se podía tomar la Coca tan fría como en la vereda del kiosco?

También el sabor era distinto, mejor, aunque diera un poco de asquito compartir, por que siempre había alguno que no sabía tomar y te dejaba todo el pico babeado… ¿Ese sabor distinto sería el sabor de lo prohibido? Y, algo de prohibido tendría, algo de remordimiento nos daría tomar de esa botella transpirada ese brebaje tan frío como nunca se tomaría en casa alguna. Si es algo que no se hace comúnmente en casa puede ser que esté mal, por las dudas no se comentaba; se guardaba como un secreto de amigos, como el primer cigarrillo, como la primer borrachera o como la primera salida a un burdel.

Y es así como, hasta el día de hoy, muchos de mi generación al tomar una Coca creemos poder encontrar en esa botella de vidrio (con las de plástico ni lo intentamos) el sabor de aquellas tardes de verano, el sabor a prohibido y a niñez…

Pero ahí estaba, la calle por la que caminaba terminaba contra la fábrica y tuve que rodearla para completar mi camino.
Pude ver los pasajes por donde entran y salen los camiones en el medio de los cuales –a unos dos metros de altura- se sitúan unas oficinas alargadas, totalmente vidriadas. Para qué tanto vidrio, para qué tanta visibilidad, ¿será para poder tener un control exhaustivo de lo que los camiones sacan de la fábrica, será para que nadie se lleve una Mirinda de más? Se me ocurrió que la empresa no es tan pródiga con sus empleados como se pensaba.


También pude ver por una ventana la línea de producción, todas las botellitas avanzando en fila, como soldados esperando a ser llenados por el vital elemento.

Esas imágenes terminaron de disolver los mitos sobre “la Coca” que guardaba de la infancia…
“maldito panóptico que maximiza los beneficios de la mezquindad… maldito capitalismo industrial avanzado con sus líneas de producción robotizadas y sus botellas de plástico”.

Finalmente, el atajo me alejó pero parece que alejarse no es tan malo; igual llegué a destino.
Además, por lo visto, alejarse puede servir para pensar y para recordar; de hecho, entre otras cosas, este escrito también fue pensado en el tiempo de más que me llevó llegar a casa.
A su vez el escrito, con todos sus desvíos y diagonales, también resultó un atajo.
Básicamente, aunque me desvié hacia cosas que ni pensaba y me alejó de otras que si pensaba, casi como en un “libre fluir de la conciencia” el texto llega a su destino final/inicial: reestablecer el contacto.

Feliz 2007 para tod@s
Es un deseo de Coca Cola

viernes, diciembre 15, 2006

CERRADO POR VACACIONES

Este sitio permanecerá cerrado durante todo el verano, época en la que –si bien no logro alejarme mucho ni por mucho tiempo de me ciudad natal- por los inconvenientes de “servidor” conocidos por tod@s estaré alejado de los entornos virtuales.


En este caso, contradiciendo el típico lema de “call center”, debo decir “SU CONSULTA SI MOLESTA”. Desde este momento no respondo más mails, mensajes o llamados telefónicos a no ser que se trate de alguna invitación para correr atrás de la pelotita.



Nos vemos
El enamorado que no sabe chiflar bajito pero tampoco se suicida.